Sin hogar, dignos y apreciados
Diciembre siempre ha sido un mes muy especial para mi. Aun en momentos cuando mi alma ha experimentado gran tristeza y oscuridad, he tratado de hacer de este mes, una época para ser “feliz sin razón aparente”.
Durante la última semana o más, he estado visitando a mis dos hijas en Londres donde estudian. Cada mañana, mientras camino al café donde estoy escribiendo mi próximo libro, paso por el frente de aquella iglesia con las campanas más desafinadas que he escuchado. A medida que camino, mi atención no deja de enfocarse en las huellas que estos dos increíbles seres humanos que la sociedad ha etiquetado “sin hogar”, dejan religiosamente allí, en el mismo lugar, como si necesitaran “marcar territorio” junto a una de las puertas laterales de la iglesia. Mi corazón se inspira con la vida de estas dos personas anónimas, fantaseo y sueño despierta por un momento antes de iniciar mi rutina de trabajo. No me pregunto acerca de cuándo fue que la sociedad se volvió tan “inhumana” para ignorar a nuestros hermanos y hermanas quienes tienen que vivir de esta forma. No, eso sería perder mi tiempo y desbordar más pensamientos negativos dentro de esta realidad que todos compartimos, ¡ya tenemos suficiente de eso! Al contrario, me pregunto cómo lograr que estas dos personas “sin hogar” puedan ser “felices sin razón aparente”, por lo menos por un día durante el mes de diciembre. Si, usar un poco de mi tiempo para hacer que otro ser humano se sienta digno y apreciado.
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